El simple roce de sus labios en mi mejilla provocaba una explosión dentro de mí.
Un abrazo suyo me proporcionaba el calor que necesitaba.
Y un beso… Un beso suyo me hacía la persona más feliz.
El tenerle conmigo ya no era un sueño, sino una realidad.

No le comentes a nadie tus planes, suelen no funcionar cuando muchos lo saben.
Cuando dos personas son uno en lo más profundo de sus corazones, rompen incluso la dureza del hierro o del bronce
Hoy sembraré cuanto amor pueda en tu alma, y en la noche cosecharé todos esos besos producidos para la mía.
Carpe diem, Enrique Urueta (via n-o-c-t-u-r-n-u-s)